Soplas el fresco viento, cual fragancia de mujer.
Abres tus ojos y se hace la luz.
Has elevado de la tierra los montes y cada uno se yergue hacia ti.
Colmas de brisa la noche y las tiernas gotas del rocio posan sobre las hojas.
Grande eres tu Señor y digno de ser alabado.
Te vistes con poder y te exaltas en belleza.
Tu eres el Señor, el creador y el legislador, mantienes en tu mano el mundo y sostienes su aliento con tu mirada.
¿Quién como tu Dios santo y justo que se place en esparcir su misericordia entre los hijos de los hombres?
Cumple tu palabra oh Dios y manten tu pacto sobre nosotros.
No cierres tus ojos mientras existamos.
Manten tu palma abierta mientras vivamos;
y aun
cuando nos llames a tu encuentro que sea tu misma mano la que nos muestre el camino.
Ilumina oh Señor mi senda y traza en mi alma tu temor.
Avivalo con tu fuego; marcandolo con la letra de tu voz.
Impregna mi aliento del tuyo y en armonia nuestros espiritus conversen.
Haz que mis ojos te teman y vean la misericordia de tu amor.
Ten piedad de mi oh Cristo.
Recuerdame a diario tus promesas.
Crea un camino recto en mi corazón y que jamás desee estar fuera de ti.
Que mi lengua bendiga por siempre tu nombre y mis manos se alcen a tu majestad.
Trae libertad a mi ser y en tu llenura me mueva y dance.
Termina la obra que comenzaste y no te olvides nunca de mi.
Reprende mi yerro en tu furor mas con tu amor hazmelo oir.
Bendito sea Jesús mi amado,
aquél pastor que me guia a pastos verdes.
¡Oh Jesús!
Ten piedad de mi y de tu soberanía nunca, jamás me dejes!
