Que efímeras circunstancias evocan contrariedad de mundos en mi cabeza; sin dejar rastro alguno de verdad.
He hallado la ilusión muriendo, he encontrado la euforia languideciendo, de año en año se desvanece el encanto y va aflorando una nueva visión, anhelando ser llamada por su nombre, demandando ser asida con el entusiasmo de un recién convertido. Es una nueva era naciendo en el interior de mi intelecto, desarrollándose en el núcleo de mi decisión, concebida por un alma en duelo....entre la pasión por la verdad y la necesidad única de ella. Me voy mudando de piel.
Mis ojos se van aclarando y con ellos el entendimiento del ser. No soy otro punto en el espacio ni pretendo ser el sol en el ocaso, tan solo pido la verdad. Poco a poco me voy mudando de piel.
Se trata de regresar al origen. De deshacernos de las esferas que adornan nuestro pino en Nochebuena, colgando la vanidad en relucientes estrellas, deslumbrando con su encanto cada regalo envuelto en apariencias. Mudemos de piel; seamos revestidos de la verdad aflorando cada esquina de nuestro hogar, deslumbrando como lucesitas de una ciudad resurgida del antro y la ignorancia. Sumergida bajo el agua de su propio ego. Prediquemos a Jesús tan nítido y tan candente. Prediquemos la encarnación de la Vida entre los hombres para obsequiar Su Vida.
Hagamos a un lado nuestras ideas y conceptos de la vida y enfoquemos la mirada y el blanco en lo que es eterno. Una comunión pura con Dios atravez de Jesucristo. Dejémos las divagaciones de concepto y evoquémonos a conocer la Santidad de un Dios justo. Mudemos de piel, de mente y corazón y que emerga Señor tu visión en nosotros.
¿Cómo quedarse callado cuando un torrente de ideas, conceptos y creencias van inundando nuestro circulo religioso? ¿Cómo quedarse parado cuando ves que la marea va subiendo llena de coraje y llena de humanidad? No es cualquier cosa el que el hombre este buscando su propio saber y le llame evangelio, No es cualquier cosa que los jóvenes se levanten con decisión de predicar su evangelio regenerado y actual. Hay un motor importante en su energía, hay un fulgor en sus palabras que incluso los llena de piedad, de una justa piedad y un amor al prójimo enmascarado. Yo no veo santidad, mi espíritu no persive al mismo Jesús. No se trata de visión, ni cultura ni contexto. Jesús es el mismo Hoy Ayer y por los siglos.
Los mozos reformadores del siglo XXI se han tomado a la tarea de citar a los teólogos más renombrados de su tiempo, los más revolucionarios y lo más Cristo-céntrico, se han auto- nombrado los limpiadores y segadores de este siglo. Han levantado la antorcha encendida por el fuego de la justicia moral opacando su propio deseo de lujúria y satisfaciéndose del mofarse de los intolerantes y conservadores. Es una turba desenfrenada agitada por su necio proceder y palabrería "bien fundamentada" y "teologicamente argumentada" pero se mofan del Cristo que llama a una vida santa y perfecta. Se mofan de los parámetros establecidos y proclaman su propia vertiente de voceríos. Voceríos que se oyen desde los antros del mundo entremezclad
os con alaridos de cánticos evangélicos que llevan el nombre de Jesús, desde donde combinan sus velas iluminando su bajeza de pensamiento al que ellos llaman intelectual y sano en la fe, libres de prejuicios y amadores de deleites. Se trata de regresar a las sendas antiguas y volver el pie firme por el Camino. Mudemos de piel.
