lunes, 27 de enero de 2014

I MISS GROWING OLDER WITH YOU.




Tú, eterna alma gemela, joven y alegre. Embellecías mis días con tu sonrisa contagiosa y sincera. Me hacías olvidar las penas y entre tus brazos recibía el calor  que a un recién nacido sosiega.
Tan solo contigo supe que era amar sin reservas. Conocí el dolor del amor y la traición. Siempre en tu compañía encontré un amor muy tierno.

Te confieso que ese día te odie. Te confieso que el día que sentí tu lejanía mi mundo se derrumbó, me sentí perdida cual niño abandonado. Fue la médula de mi sangre la que heriste y no ha vuelto a regenerarse en mis entrañas la confianza. Te confieso que no supe enfrentarlo y cerré mi corazón a tu voz para que no volviera a herirme el recuerdo. Me cerré en tal manera que me volví fría e insensible. Tú que eras parte de mi historia, tú que formabas el núcleo de mis consejeros, te alejaste. Ahora sufro el síndrome del enfermo que te ve por todas partes y todas las mujeres llevan tu sello.
Decir que me abandonaste suena infantil, ¿pero qué puedo hacer si el resentimiento de traición me embriaga? Es como el mar agitado embravecido por la luna llena. Es como león que ruge espantando a su presa que sale despavorida sin pensar que corre justo hacia las garras de las leonas guerreras.
Tú, amada y atesorada mujer de mi vida. De verdad te digo que tu amistad me hizo ver brillar la luz  en mi mediodía bombardeado. Tus oídos siempre abiertos escucharon mi corazón y en tu casa viví lejos de mi temor.
Dime como vivir ahora una vida paralela a la tuya, Te juro que mi alma se estremece aun de dolor y los gemidos salen de mi vientre a tu recuerdo. Que las lagrimas son el riego que apaciguan el ardor de mi corazón y que el dolor aun me ciega. Lloro por ti y lloro por mí.
Porque yo no he dejado de amarte y desear volver a abrazarte. Oh amada y adorada mujer. Te juro que cada que pienso en ti vuelvo a llorar con la misma frescura de cada herida, como si volvieras a morir otra vez entre mis brazos. Te digo que la muerte es mejor que tu distancia porque al menos hubieras muerto siendo mi madre, siendo mi amiga. 

 ¿Qué no entiendes que yo también morí cuando te fuiste? No te reprocho tu desilusión ni el desencanto de la vida. Te amo como eres. No mal interpretes mi dolor.  Oro a Dios que nuestro último aliento lo pasemos juntas en comunión y alabando a nuestro Redentor. Encuentra la paz. Encuentra tu plenitud en Jesús y no olvides los banquetes a los que asististe en Su presencia, tú me enseñaste a ser una mujer de fe y de oración, me advertiste de no recorrer los senderos del pecado y me dijiste que tú fuiste mi ejemplo de lo que sucede cuando se está lejos de Dios.
Te odio  por el dolor que me causas por las hirientes lágrimas que desgarran mi pecho. Te odio  por enseñarme tú a amar a pesar del horror que en el corazón se concibe. Te odio  por haberme amado y ser tan amable y después partir.

Te odio con la pasión del amor y la ternura del perdón. Te odio con la candente flama de la fe y la esperanza. Te odio con la certeza de nuestra reconciliación.

-Mariana Alemán

viernes, 24 de enero de 2014

Cuando la vida llegue a su punto culminante.





Sin tus nubes blancas, vería el universo
Sin tus estrellas fulgurantes, vería el espacio
Sin las sombras de tu tristeza vería tu alegría
Sin los parches de la vida, vería tu belleza
Sin mi oscuro pecado, vería tu rostro.
Sin lo que menos tus ojos puedan ver este en mi, entonces sabré que estoy en tu regazo.

Cuando la vida llegué a su punto culminante

Cuando mi vida se sienta realizada,
Cuando la paz inunde mi llanto,
Cuando los aromas frescos respire,
Cuando el corazón no se canse más,
Cuando mi ojos sin más dolor se abran,
Cuando mis pasos no se escuchen en el vacío,
Cuando mis llantos dejen sus razones,
Cuando mis manos reposen, sus labores,
Cuando no tenga más razones para temer,
Cuando por fin las lágrimas no existan,
Cuando por fin los colores me envuelvan,
Cuando por fin el éxtasis me alcance,
Y no se puedan contener mis aspiraciones,
Mi razón volverá en mí,
Mi verdad saldrá a la luz,
Y mi vida no tendrá reproche alguno,
Seré feliz de que hayas llenado tu mis días,
Y que por tu gracia sola,

 sea la razón de estar en tu regazo.

¡Cuando la vida llegue a su punto culminante!


-Mariana Alemán







Fragmento recopilado en base a la observación de algunas personas que detrás de su sonrisa he percibido la tristeza que embarga un corazón silenciado.



Da un grito sordo de ayuda y entre sonrisas y miradas clama con angustia.
En lo profundo de su abismo hierve el deseo de ser encontrado. Como gime la víctima al saberse acorralada.
 Son las sombras de sus miedos los verdugos del tiempo y por las noches en el silencio se encuentra a solas con ellos.
 De temor se sobrecoge y el mismo tiempo el deleite se asoma seduciendo al conocimiento. 
Se vuelve un ciclo vicioso del que el anuncio de salida ha sido removido y la ruta de escape es poco atrayente.
 Mas mientras el cuerpo se regocija el espíritu languidece en su lecho de muerte.
 Rodeado por cuerdas de culpa y dolor que ciñen cada día más hasta cortar la irrigación sanguínea. 
De esos ojos brotan lo gritos y entre su brillo de ven las muecas de angustia, pero nadie ve, nadie oye el clamor sordo de aquellos que en silencio sufren sus derrotas internas.

-Mariana Alemán