Como jóvenes somos soñadores.
Tenemos un concepto del mundo como una hoja vacía lista para ser llenada por nuestros anhelos.
Somos ingeniosos escritores sin renombre. De gran ímpetu y vigor, mas sin experiencia. La capacitación la vamos adquiriendo en el camino, a la par de nuestros errores.
Concebimos un mundo perfecto, un mundo maduro para nuestra ignorancia. Tenemos la fe implacable de la excelencia; atesorando ideales, cavando cimientos, construyendo en los de otros.
Y cuando por fin te encaras con los jóvenes crecidos, de sueños frustrados, de caras languidezcas, aparecen las verdades de un mundo corrupto, de seres oportunistas y ventajosos.
La cosecha de injusticias, se enraízan en tu mente obstaculizando tu paso. Apagando lamparas atenuando brillos. Un campo de dudas se planta en las planicies; planicies que antes reverdecían de inocencia mezclada de encantos.
Quien tiene derecho a quemar los anhelos de otros? O quien se dice dueño del piso que otro fundo?
Esta realidad es una plaga. Como un bosque talado que roba equilibrio a todo el ecosistema.
Leñadores empedernidos, retraídos en si mismos. Consumiéndose a si mismos mientras consumen a otros.
Sistemas, instituciones todas corren el mismo riesgo. Están plagadas de injusticias.
Errores que otros pagan.
Y aun así el mundo avanza. Y aun así te hacen fuerte. Y aun asi logras tus sueños....
Niños que se hacen jóvenes. Jóvenes que pasan a adultos. Adultos que luego son ancianos.
Todos aportamos, de aquello que recibimos. La vida es un ciclo.
Mas vale dar todo, aunque no recibas nada.
La sabiduria e inteligencia van de la mano y se recrean en la justicia y el amor.
-Silueta Felina

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