viernes, 6 de abril de 2012

El acto más sublime

Los corazones se llenan de euforia al recordar la razón por la que Jesucristo se humanó. Una sola acción que ha perdurado a través de los años. Que sigue siendo recordada y que seguirá siendo contada.




Un árbol común y corriente.
Ni de jardines de reyes ni entre palacios creció.
De un misero bosquecillo surgió, por la lluvia era bañado; asi desnudo, así descubierto pasaba las noches.
Un día llegarón ciertos hombres y fijando su vista en él, lo cortaron y arrastraron por polvorientos senderos bajo aquel infernal calor de esa tarde de primavera.
Dos grandes y toscos barrotes de él sacaron, de bajo uso y sin valor. Paso mucho tiempo guardado en un desvan junto a tantos como él.
Mas por fin un día lo sacarón a respirar.
Se triste historia acabó cuando a espaldas de un Hombre se encontró.
Este iba a paso lento y en triste condición. Llegarón a un monte y juntos a tierra cayeron.
Entre tres hombres bien vestidos con aspecto rudo y cruel acostaron a este Hombre sobre él. No alcanzó a ver nada, pero fuertes golpes sintió, retumbaban portentosamente dentro de él. También los gritos desgarradores de ese Hombre escuchó.
Comenzaron a elevar el madero hasta que directo al cielo apunto. Ese tronco de pronto comenzó a sentir humedo, agua chorreaba sobre él.
¡Pero no, momento!
Aquel liquido salía de aquel Hombre y no era cristalino, era rojo carmesí.
Chorreaba sobre el madero y cuesta abajo del monte corría un delgado arruyuelo de sangre.
Abajo, al pie de la colina mucha gente observa.
Ese río comenzó a correr y todo lo que tocaba emblanquecía. Así fue transformandose el rojo en un cristalino sendero directo a la cruz;
Un solo camino,
una sola razón,
un solo propósito:
Amor
Un amor con compasión. Un amor con valor. Un amor con virtud. Un amor desinteresado. Un amor sin arrogancia. Sin pedir nada a cambio. Un amor por amor hacia la humanidad.
La tarde entonces oscureció.
El silencio se palpó.
El cielo comenzó a tronar, relampagos brillantes por el cielo se trazaban. La lluvia azotó a cualquiera que se encontraba ahí.
El día no fue piadoso, el ambiente no fue clemente.
Algo estaba sucediendo algo que no se divisaba tan solo se entendía. La confusión dominaba a los espectadores.
El alboroto y el miedo se mezcló. Gritos de silencio se escucharon.
Una madre lloraba junto al madero.
Mujeres derramaban lagrimas. Hombres se sacudían de asombro, mientras los jovenes se espantaban de incertidumbre y los niños admiraban lo que sucedía.
El Padre tuvo que alejarse de su Hijo que yacía sufiendo colgado de la cruz.
El pecado se compactó.
Todo el cielo oscureció.
Las tinieblas reinaron por tres largos y victoriosos días.
Hasta que el umbral del día llegó. Hasta que la Aurora apareció.
Hasta que la luz por un orificio deslumbró.
Venció a la muerte.
Vencio al pecado.
Vencio el temor.
Vencio todo aquello que al hombre podía dominar.
Para solo Él reinar. Para solo Él ser alabado. Para ser engrandecido por su Padre que a su diestra lo sentó.
Que sus riquezas devolvió. Por ser fiel. Por ser la paga que al mundo junto al Padre podía volver a entregar. Para amar. Para ser amados. Para perdonar. Para ser perdonados. Para ser libertados. Para ser tenidos dignos de misericordia.
Para poder ser todo aquello que ya estaba designado para cada uno desde los postreros tiempos. Y ese regalo es el que compartimos hoy en día. Y que es el mismo que se compartió aquél día. Jesús a la muerte venció por ti y por mi.

-Silueta Felina

1 comentario:

  1. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
    Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. (Isaias 53:5-6)

    Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.(2a Corintios 5:21)

    Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.
    (1a Pedro 2:24)

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