martes, 4 de agosto de 2015



Cuando los ojos se nublan, no de lágrimas, sino de desconcierto.
Cuando el alma me duele, no de miedo, sino de frío.

O cuando en un mundo sobre-poblado, me siento sola.
Cuando por las mañanas me levanto y el ánimo no amanece conmigo y la fuerza me visita con escases de horario.

Esa angustia con mi nombre, que ha ignorado las fronteras señaladas, que me hace temblar aún en mi autosuficiencia.

En estos momentos recuerdo que soy mortal, y que soy un ser que no se sacia de migajas.
Entonces recuerdo que tengo un vacío con forma de Dios, y que había querido llenar con piezas multifacéticas y multiconceptuales, sin tener en cuenta la lógica y verdad de mi concepción.

Es como agua refrescante, regresar.
Como volver a respirar, sin respirador.
Cristo es la roca segura y suficiente, que me sostiene y despeja las mil dudas que me construyen.

Cristo es la forma de vacío que hay en mi alma, y me llama por mi nombre.


-Mariana Alemán

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