De lejos la ví. Era un punto de color en medio de todo el escenario gris.
Mi gata Turega estaba asomada en el balcón. Saqué mi cámara y aproveché para tomarle una foto. Se veía hermosa, resaltaba con su pelaje de colores.
Por los pensamientos que he traído últimamente, me hicieron ir de pensamiento en pensamiento hasta la conclución de que esa, era mi vida; un punto de color en medio de un escenario gris.
Lo que quiero decir, es que el ser humano vive con la pregunta ya sea en la punta de la lengua o en el fondo del subconsciente de ¿para qué está aquí? Y ¿qué se supone que debe hacer?
Pero hoy me hizo mucho más sentido.
No es normal que nos hagamos esas preguntas si nuestra naturaleza fuera únicamente la composición quimica a la de la tierra. No.
Sabemos que somos más que eso. Que tenemos una mente que no tiene nada que ver con el fósforo ni el agua. Que sentimos el miedo y el amor en una proporción diferente a como sentimos la tierra en nuestro puño. Y que me puedo sentir agredida por una acción de otro ser humano hacía mí o me puedo sentir especial.
Y vuelvo al punto de color en medio de un escenario gris.
Hay algo que me dice a gritos que no soy de aquí. Porque si soy sincera no he encontrado la respuesta a mis preguntas preguntándoselo a la montaña, ni los átomos me han hablado, ni el agujero negro me ha dicho cómo debo ser.
Es algo en mí que no se siente capacitado para responder, porqué no sabe a dónde exáctamente pertenece.
Osea que soy un punto de color en medio de un escenario gris, al que pertenezco, como mi gata pertenece a mi hogar, pero su naturaleza difiere a la de mi casa.
¿Cómo voy entonces a encontrar mi procedencia?
Parte 1
-Mariana Alemán
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